martes, 15 de marzo de 2011

BOLETÍN ON-LINE Nº 2

II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA
"Las Servidumbres Voluntarias"

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes

Presentación
Paloma Blanco Díaz

Esta segunda entrega de A-FORO nos trae dos textos que exploran el tema sobre las “servidumbres voluntarias” que nos ocupa, uno a partir de la referencia cinematográfica y otro a partir de la referencia jurídica.
El trabajo de nuestra colega Amalia Rodríguez Monroy, ilustra con exquisita precisión el tratamiento posible de los efectos inhibitorios y paralizantes de esa extraña servidumbre que como ella misma sugiere, “¿sería voluntaria en la medida misma en que es ne-cesaria, pues no cesa de escribirse en el registro de la historia, la Historia de la humanidad, la historia de cada uno de nosotros en tanto es la historia de nuestra vulnerabilidad?” en clara alusión a aquella otra frase freudiana en la que el súper-yo es descrito como el “monumento recordatorio de la antigua debilidad y dependencia del yo, justifica su dominación incluso sobre el yo adulto. A la coacción exterior ejercida por los progenitores la sucede la coacción ejercida por el imperativo categórico del superyó.»
El film “El discurso del Rey” es el punto de partida que toma la autora para desplegar su argumentación. La palabra del rey está cautiva por su servidumbre voluntaria, por el peso de la palabra pala-ciega que produjo en él estragos y el síntoma de su tartamudez. El rey se aferra impotente, temeroso y tozudo a esta servidumbre, Lionel Logue(peda), tenaz, acompañará infatigable a Bertie, en el trabajo de reconquista de su palabra-propia-de-rey. Logue(peda) irá para ello pertrechado de su amor y su fracaso en el arte de la interpretación y del buen uso que ha sabido darle a la propia imposibilidad. Ello permitirá que el rey logre hacer un uso practicable de su indecible, no tanto para ser rey como para poder actuar y funcionar como tal, en la tarea que entonces le concierne; “pasar de la mudez de la pulsión a la articulación del síntoma con que tendrá que arreglárselas para sostener a los británicos en el rechazo decidido a los delirios del nazismo. En esa partida todos estábamos concernidos en tanto peones del tablero de la historia.” Así, sutil y decidida, Amalia Rodríguez, nos incluye a todos en esta apuesta y nos recuerda que este cambio de discurso, posible, tiene como condiciones necesarias el amor –que desde Lacan sabemos es signo de cambio de discurso- y el arte-oficio, la autoridad del saber particular sobre cómo hacer con la propia imposibilidad. Los personajes principales de la película dan sobradas muestras del uso de estos tres elementos como causa de un mejor hacer con la vida y testimonio de otra opción posible a las servidumbres voluntarias, a la ley de hierro del súper-yo, volveremos sobre ello en el próximo número.
En el apartado de “Bibliografía Razonada”, podremos leer la colaboración de nuestro colega Manuel Montalbán Peregrín, de sugerente título. Incide en primer lugar en la acotación jurídica del término “Servidumbre voluntaria”, para relacionarlo con el derecho francés que, “después de la conclusión de la etapa histórica feudal quiso positivizar en la ley la ausencia de servidumbres personales.”
En segundo lugar, nos señala cómo es la inclusión del término “discurso” al sintagma “servidumbre voluntaria” lo que nos conduce al texto de La Boétie, “amigo personal de Montaigne, a mediados del siglo XVI, que ha sobrevivido al olvido asegurando su reaparición casi automática en muchos períodos críticos de lucha contra el Estado autoritario.”
Por último, nos facilita varios links de valiosa utilidad que recogen el texto del citado autor, así como interesantes lecturas comentadas.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante y te invito a participar también en él tomando la palabra, enviando tus comentarios, reflexiones, observaciones o materiales que consideres de interés en relación al tema que nos ocupa a montblanc@cop.es

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¡Buena lectura!

"Contra Uno": El discurso del rey y otras servidumbres u olvidos.

Amalia Rodríguez Monroy


Pocas horas antes de que la ceremonia de los premios Oscar nos ensordezca y el éxito —más que probable— del film de Tom Hooper El discurso del rey aplaste y silencie lo más íntimo de sus efectos sobre el espectador, quisiera formular algunas impresiones. Giran en torno de la servidumbre voluntaria —como sostiene La Boétie— que rige toda acción humana. ¿Sería voluntaria en la medida misma en que es ne-cesaria, pues no cesa de escribirse en el registro de la historia, la Historia de la humanidad, la historia de cada uno de nosotros en tanto es la historia de nuestra vulnerabildad?
La proliferación de premios y galardones que, a través de los medios, manipulan tiránicamente el gusto del espectador, ahora reducido a consumidor, es ya indicativa de esa posición de dominados que tan eficazmente libera al sujeto de la carga de elegir, de discernir, de escuchar. La libertad es, con el olvido, el velo en que recubrimos púdicamente nuestras servidumbres, nuestros miedos, una vez que la esclavitud fue oficialmente abolida. Lacan lo plantea con su característica agudeza: “es claro, que si la servidumbre no está abolida, se puede decir que está generalizada . . . La duplicidad amo-esclavo está generalizada en el interior de cada miembro de nuestra sociedad” (Seminario 3).
Tras esa servidumbre, hay un mensaje secreto, un mensaje de liberación que queda reprimido y que Lacan distingue muy bien del discurso patente de la libertad, entendida ésta como autonomía individual. Ideal desmedido que, tomando la democracia como coartada, permite al ciudadano global hacer existir a ese amo Uno contra el que La Boétie escribe en 1576.
El film de Hooper nos confronta de manera sutil a ese cul de sac: el rey no quiere ser rey; su tartamudez, o lo que hay tras esa imposibilidad de dar voz a su lugar de amo, le coloca en la angustiosa posición de asumir, inesperadamente, ante la renuncia de su hermano mayor, un destino para el que no cumple la condición mínima: sostener —con la palabra— la moral de un pueblo a las puertas de la invasión nazi. Una escena resume con humor británico el drama personal y también el drama histórico. La familia real ve en televisión el enardecido discurso que Hitler dirige a las rugientes masas ya bien alineadas en orden de batalla. La niña, que luego sería la reina Isabel II, le pregunta a su padre: “¿qué está diciendo?” El atribulado king-to-be le responde: “No lo sé, pero parece que lo dice muy bien”. Sabe que es a él a quien corresponde dar la réplica a la incendiaria voz del Führer.
La desesperación del advenido rey ante esa inminencia propicia, no sin la decidida colaboración de la reina, el encuentro con un logopeda de barrio tildado de “extravagante”. El término es el elegido por la máquina mediática, que describe la película como el relato de cuanto en ese encuentro hay de emoción, de lucha y de superación. Una historia de amistad profunda. También de ruptura con los prejuicios y las barreras de clase.
Pero más allá del sentimentalismo, agazapada tras la máscara de extravagancia, hay otra dimensión que merece ser ‘escuchada’, pues es su marca singular, irrepetible; la que nos conmueve. La posición del humilde logopeda, actor australiano fracasado, puede darnos, en cada detalle, exquisitamente interpretado por el duo —duelo— de actores, valiosas pistas sobre su modo de hacer, de entender un oficio que consiste en trabajar con la demanda del paciente. Para Logue(peda) supone, de entrada, abordar la causa de su sufrimiento. Ese desplazamiento, al que su ‘real’ paciente se resiste tozudo al comienzo, es el que —cuando su Majestad consiente, abre para ambos la posibilidad de trans-formar esa demanda en síntoma y, desde ahí, abrir la pregunta por la causa de su padecimiento.
Lección no de profesionalidad, sino de ‘oficio’: palabra anticuada que remite a una ética, a un deseo que la noción actual del ‘profesional’ ha dejado olvidada; oficio forjado no sobre la supuesta ‘autoridad’ que le otorgarían los títulos académicos, de los que carece (para escándalo del vigilante Obispo de Canterbury), sino sobre la experiencia vivida, atravesada del dolor de existir. Un ‘saber hacer’ con su propio fracaso en el terreno de la interpretación, arte que ama y no duda en poner en juego en la cura del paciente. Puede que no triunfara, pero sí logró mantener vivo su deseo.
De su oficio Lionel Logue hace, así, un arte verdadero; arte de contención, de espera, de silencios, de manejo de las resistencias. Es arte porque es apuesta firme. Apuesta siempre nueva, invención arriesgada, en el registro de la sorpresa, si el criterio es, como en el caso de Logue, y como sostenemos en psicoanálisis, el trabajo del uno por uno.
Partida a dos, desigual, sobre un tablero de ajedrez en que cada movimiento puede poner en jaque todo lo que ahí está en juego. Para Logue lo que está en juego es, antes que nada, la renuncia del terapeuta a tomar partido en el plano del discurso común, de los desgarramientos que producen en el sujeto las costumbres y el estatuto del individuo en la sociedad. Y que en su ilustre paciente han hecho estragos. Cuestión central, extravagante, sí, para el terapeuta del Rey, que opta — es todo un riesgo— por des(in)vestir a éste del manto de la realeza y transformarlo en Bertie, su apelativo familiar. Apuesta firme que tiene el efecto de hacer posible el trabajo con el síntoma. Apuesta, asimismo, por no reducir éste a un ‘problema mecánico’, pues sabe que hay algo más en juego.
El acto de Logue-peda trasgrede, así, la regla preestablecida por la deontología profesional, sea logopeda, didácta o psicólogo. No utiliza su posición de poder, que es poder de sugestión, sino para ponerse en el lugar que es consecuente con la estructura de la palabra, como si compartiera con el psicoanalista lacaniano la extra-vagante convicción de que su acto solo puede ser un acto de desciframiento a partir de algo que sobrepasa al sujeto —al terapeuta tanto como al paciente—. Para él, como para el psicoanalista, la palabra es la única que detenta su poder en el espacio secreto de la cura. Su condición es que ésta tenga lugar en su despacho, y no en palacio. Para el Rey, o mejor, para Bertie, es el peso de la palabra —palabra palaciega— lo que le enmudece.
El saber hacer de Logue-artista le aleja del furor sanandi del terapeuta, y le permite sortear los peligros del ‘efecto Amo’ de la sugestión, para buscar, tras la demanda formulable (curar su tartamudez), lo real de la causa que la grave inhibición de Bertie esconde. Puede, entonces, llevar —de nuevo, le asiste su arte, su osada inventiva— al Rey a afirmarse como hablante, sacudiéndose ese peso paralizante. Nos lo muestran las preciosas escenas en que el cuerpo a cuerpo ha de agitarse, arrastrarse, gritarse, articularse, pre-figurando el desprendimiento que le libere de la losa mortal. Es a partir de ahí que el paciente entra en el juego y se instala algo del orden de la transferencia, del amor, y, con ella la ‘confianza’ que Logue le solicita, pues sabe que es la condición de posibilidad de la cura. Confianza no para ejercer de Amo que cree saber cómo responder al sufrimiento del otro, sino un poder de orden distinto, el poder discrecional del oyente, que tiene en cuenta que el sentido de lo que se dice depende enteramente de quien lo escucha.
A partir de ahí el ‘real’ paciente puede —no sin trabajo— pasar de la mudez de la pulsión a la articulación del síntoma con que tendrá que arreglarselas para sostener a los británicos en el rechazo decidido a los delirios del nazismo. En esa partida todos estábamos concernidos en tanto peones del tablero de la historia. El artificio del Logue(peda) instaura el deseo en este Amo forzado que puede empezar a reconocer que siendo amo no es amo de sí mismo y que su deseo pende del deseo del Otro. Si la película nos conmueve es porque nos hace ver que no se trata de una extravagancia cualquiera; Otra-vagancia que se orienta por la vía del amor y la del arte como la que mejor puede sacarnos de las servidumbres acostumbradas.
Para el psicoanalista advertido el film también tiene un ingrediente valioso. Si su propio análisis le preserva, en principio, de la posición de amo, la apuesta de Logue le permite constatar que el arte, ese ‘saber hacer’ particular, es la torre que en el tablero de ajedrez puede decidir que se mantenga o no abierta la partida.
La escena final en que Jorge VI pronuncia el discurso crucial (estamos en el registro de la Historia con mayúsculas), y que algunos tildan de excesiva y sentimental, condensa toda la emoción que guionista, director y actores fueron construyendo desde un lugar que se teje con el hilo de la verdad: el lugar del sufrimiento y sus raíces oscuras en la propia experiencia de haber sido, de ser, infans, sin voz, que también han recitado muchas veces el “To be or not to be”, antes de poder hacer del deseo acto.
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1. Se ha confirmado el éxito y, con él, las versiones mediáticas sobre el que denominan “producto anticuado”. El titular de El País resume: La realeza venció a la generación 2.0. Ejemplo de profesionalidad entendida como servidumbre: la voz de su Amo apunta al imperativo de lo nuevo, que estaría encarnado en la otra candidata, La red social, de David Fincher, historia del éxito de un precoz tiburón del negocio más rentable. En ese duelo hollywoodense entre el éxito inmediato (sus crueldades) a costa de traiciones sin fin, y el logro trabajado con amor, esta vez ganaron los trabajos del amor. Quizá cuando todo es considerado “producto” —producto de consumo—el lugar de la creación, de la invención, queda excluido, resulta impensable.
2. Mi Oscar es para Geoffrey Rush, el olvidado y genial actor que encarna a Lionel Logue. El guionista David Seidler, que hasta los 74 años no logró llevar a cabo su obra de amor y reconocimiento, si obtuvo el galardón. Pero no hizo la película para eso, como sugieren nuestros periodistas: de niño era tartamudo y escuchó ese discurso en la radio. En los Oscar pudo hacer gala de magnífica dicción. Cuando al fin pudo hacer su obra, supo que el protagonista no era el Rey, sino Logue, aunque pocos se hayan ahora percatado.


Bibliografía Razonada

Servidumbres virtuales


Manuel Montalbán Peregrín


Si introducimos el término “servidumbres voluntarias” en nuestro buscador de internet habitual accederemos fundamentalmente a páginas de información jurídica. Concretamente en el código civil español el título VII está dedicado íntegramente a las servidumbres que se definen como un gravamen impuesto sobre un inmueble en beneficio de otro perteneciente a distinto dueño. Algunos autores manifiestan que este tipo de definiciones enfatizan el interés del legislador por establecer claramente que las únicas servidumbres reconocidas o posibles son las prediales (bienes inmuebles). Esto obedece al planteamiento original del Derecho Francés, que después de la conclusión de la etapa histórica feudal quiso positivizar en la ley la “ausencia” de servidumbres personales. En el desarrollo del título podemos encontrar diversos criterios de distinción, servidumbres continuas o discontinuas, aparentes o no aparentes. Incluso pueden ser establecidas por la ley o por la voluntad de los propietarios. Aquéllas se llaman legales, y éstas voluntarias.
Si añadimos la palabra “discurso” a las previas servidumbres voluntarias, la búsqueda en la red nos dirige invariablemente a la obra de Étienne de La Boétie. Se trata de un texto de misterioso origen, escrito por un jovencísimo La Boétie, amigo personal de Montaigne, a mediados del siglo XVI, que ha sobrevivido al olvido asegurando su reaparición casi automática en muchos períodos críticos de lucha contra el Estado autoritario. Su publicación en los años siguientes a la muerte del autor estuvo rodeada de polémica, escapando las primeras copias piratas del cuidado de Montaigne y del reconocimiento de la autoría de La Boétie en antologías anónimas, y su circulación estuvo ligada inicialmente a los partidarios calvinistas franceses y suizos. Ya en 1577 un hugonote ginebrino publica una edición completa con el nombre del autor y el sugerente título del “Contra Uno”, como también es conocido el escrito desde entonces, que difiere sin embargo del manuscrito De Mesmes, copia del original destinada a un amigo de Montaigne, que reapareció en el siglo XIX .
En la actualidad tenemos al menos tres ediciones en castellano del texto: la reciente reedición de Tecnos (2010) con traducción de J.M. Hernández-Rubio, la de Trotta (2008) traducida por P. Lomba, con presentación de E. Molina y lectura de C. Lefort, y la edición también de 2008 con lecturas añadidas a ésta de P. Leroux y P. Clastres, de la editorial argentina Utopía Libertaria. Podemos acceder virtualmente a las partes principales del texto a través de varias páginas, algunas de ellas de clara filiación anarquista, movimiento desde el que ha sido ampliamente reivindicado durante el siglo pasado.
http://www.fundanin.org/boetie.htm
http://www.temakel.com/texolabotie.htm
http://www.sindominio.net/oxigeno/archivo/servidumbre.PDF
http://www.muladarnews.com/2009/12/etienne-de-la-boetie-sobre-la-servidumbre-voluntaria/

viernes, 11 de marzo de 2011

BOLETIN ON-LINE nº 1

II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA
"Las Servidumbres Voluntarias"

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes

Presentación
Paloma Blanco Díaz

A-FORO es el boletín on-line del II Foro: “Las Servidumbres Voluntarias”. Nace con vocación de dar cabida y lugar a la voz y la letra de aquellos que se sientan concernidos por lo que la evaluación, como práctica preeminente de la que el discurso del poder hace uso, silencia. Publicaremos textos, entrevistas, noticias, curiosidades, anécdotas y ocurrencias, incluso. Recogerá también informaciones organizativas y prácticas sobre el Foro. Pretende un estilo estimulante, liviano, atractivo y ágil.

Nos orienta en nuestra reflexión el pensamiento de Sigmund Freud y Jacques Lacan. En la elaboración freudiana no hay oposición entre lo cultural y lo clínico. El surgimiento del sujeto está anudado al Otro socio-cultural de cada época; en este lazo el sujeto singular, cada uno de nosotros, nos sentiremos siempre un poco fuera de lugar, inadaptados, discordantes. Desde Freud sabemos que la cultura es un nudo mal construido, necesario y de imposible cura. Freud captó en el corazón mismo de lo que funda y sostiene toda civilización, el resto pulsional incrustado en cualquier dispositivo simbólico y que desvela la complicidad entre pulsión y ley. La renuncia a la pulsión que la civilización, la cultura y el hecho social implican, es injusta y está mal construida porque se impone bajo la lógica del para-todos, a todos por igual, sin tener en cuenta el uno por uno, la particularidad, la singularidad, las diferencias individuales Esta lógica dejará por ello, e indefectiblemente, un resto heterogéneo que va a contaminar la ley moral misma y permitir que la propia pulsión se disfrace de ley; es el fundamento y el peligro, siempre vigente, de la aparición del totalitarismo en el hecho político.

Lacan afirma que el inconsciente es la política y de ello podemos deducir que explorar el sujeto del inconsciente es explorar las modalidades del vínculo. El lazo tiene siempre en el imposible de la relación de encuentro completo con el semejante, en la no proporcionalidad entre los modos singulares de dolor y satisfacción de cada cual, su telón de fondo. Cualquier apuesta que suture y niegue la división subjetiva propia de los seres humanos se inscribe en la lógica totalitaria porque arrebata al sujeto la experiencia del inconsciente que no es otra que la experiencia del imposible que lo divide y fractura.

Nuestro cuestionamiento no recae tanto sobre el furor evaluandis en sí mismo, como sobre los efectos totalitarios de exclusión que el proceso evaluador denota. Es por ello que el Foro 2 sobre lo que la evaluación silencia, lleva como subtítulo las servidumbres voluntarias. Como señala Mercedes de Francisco en su texto de presentación de este segundo Foro, la evaluación se convierte hoy en día en un poder tiránico, porque su objetivo no es tanto el de la valoración y clasificación del objeto evaluado, cuanto la búsqueda del consentimiento de los sujetos a renunciar a aquello que en ellos mismos no puede ser evaluado porque es incomparable, no cifrable, in-des-cifrable. El estilo evaluador-cuantificador contemporáneo busca la dócil complicidad de los ciudadanos para que, haciendo como si no existiera, deje de existir cualquier variable subjetiva que no pueda ser medida porque sus magnitudes no sean cuantificables.

La tendencia no es sin consecuencias. El rechazo de la singularidad y particularidad que se resisten a dejarse atrapar por el número y el cálculo, produce efectos cada vez más preocupantes de violencia, discriminación y xenofobia en lo que al lazo social se refiere. En cuanto a la relación de los sujetos con ellos mismos, los estados generalizados de despersonalización e impotencia conllevan correlatos sintomáticos de depresión-adicción en sus diversas variantes y declinaciones.

¿Qué propicia en el propio sujeto la servidumbre voluntaria al poder tiránico de la evaluación?

A-FORO tiene como razón dar la palabra a aquellos que deseen pronunciarse sobre lo que la evaluación contemporánea quiere silenciar para que no tenga existencia. La existencia de A-FORO dependerá, entonces, de que se haga uso del lugar que propicia. Es por ello, futuro lector, por lo que te invito, no solo a la lectura, sino al ejercicio de la escritura. Puedes aportar textos, notas, artículos, comentarios, observaciones o bibliografía. Ahora tú tienes la palabra y esta publicación puede hacerse eco del uso que hagas de ella.

A continuación sigue el texto de presentación del Foro de Mercedes de Francisco y la primera entrega del avance bibliográfico.



Hacia el Foro 2
Mercedes de Francico

Aunque la evaluación no es un tema que se haya tratado mucho dentro del pensamiento contemporáneo, sin embargo, es un fenómeno esencial de los tiempos actuales.

La evaluación inunda la actividad de nuestras vidas, casi de manera imperceptible, desde los dispositivos sanitarios en su amplio espectro, hasta los educativos, empresariales, literarios, artísticos, e incluso la vida cotidiana. Es así como lo calculable, la medida, entra en nuestras vidas y nos afecta como sujetos. El poder administrativo, las políticas de gestión, la pesadez de su control informático y estadístico, se imponen y atraviesan los gobiernos. En principio, parecería que se trata de evaluar instituciones, grupos y no de individuos, pero son los individuos los evaluados, y el resultado de ella es tener a hombres y mujeres marcados por la comparación con el grupo de referencia o los parámetros que las agencias de evaluación imponen. Esta comparación siempre se salda con un negativo. En la clínica que nos ofrece la experiencia analítica esto es patente y claro, cada vez que el sujeto se compara sale “perdiendo”.

Nos atreveríamos a decir que el poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende, más que la propia evaluación, es conseguir del sujeto su consentimiento a esta operación. Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. ¿Qué consecuencias tiene esto para los sujetos?: el propio rechazo de sí mismos, un empuje destructivo, al considerarse menos que los otros y, por lo tanto, merecedores de sufrir las consecuencias de este “deficit”. Vemos así proliferar los estados depresivos, angustiosos... las adicciones. Pero también, esto explicaría la sorprendente docilidad con la que los ciudadanos aceptan este estado de cosas que los lleva a la impotencia frente a cualquier acción que pudieran acometer.

Ya Étienne de la Boétie (1) ponía en primer término esa servidumbre voluntaria, como lo único que en último término explicaría el éxito de cualquier tiranía. Es este consentimiento del sujeto lo que en última instancia la hace posible. ¿Qué de lo propiamente subjetivo podría explicar esto? Con S. Freud y J. Lacan encontraremos respuestas a estas preguntas que se desplegarán en nuestro Foro. El psicoanálisis, por ocuparse de lo incomparable e inconmesurable de cada uno, permite a los sujetos reencontrarse con lo que les ha sido arrebatado, con lo imposible de evaluar. Desde luego no creemos ser los únicos que activamente defendemos lo más íntimo e inigualable de cada uno. Por ello, animamos a participar en este Foro a todos aquellos que quieran desenmascarar las nuevas formas que esta servidumbre adopta e ilustrarnos sobre su invención para resistir a ella.

Este segundo Foro, en continuación con el anterior – Lo que la evaluación silencia, un caso urgente: el Autismo (Barcelona, junio 2010) - se enmarca en un movimiento que Jacques-Alain Miller comenzó en el año 2001, con la publicación de sus Cartas a la Opinión Ilustrada (2) y que prosigue con la realización de Foros en París donde participan intelectuales, escritores, artistas, psicoanalistas, políticos.

Esta vez, la convocatoria tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el sábado 11 de junio de 2011.

Contaremos para empezar con la lista de correo forolacaniano@egrupos.net a la que os invitamos a inscribiros y con el boletín on-line A-FORO, desde donde os irán llegando textos, comentarios, entrevistas, curiosidades, cuestiones organizativas y que darán la oportunidad a distintas formas de participación. También contamos con el blog http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ donde podréis consultar los textos enviados.

(1) Étienne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria. Editorial Tecnos. Madrid 2010.
(2) J.-A. Miller,Cartas a la opinión ilustrada, Editorial Paidós, Barcelona 2002.

Avance bibliográfico 1

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Bauman, Z., La sociedad sitiada. FCE, Buenos Aires, 2004
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jueves, 10 de marzo de 2011

Comisiones de trabajo




COMITÉ DE INICIATIVAS
Carmen Cuñat, Elisabeth Escayola, Mercedes de Francisco (coordinadora), Eric Laurent, Judith Miller, Iván Ruiz



COMISIÓN DE ORGANIZACIÓN
LISTA ELECTRÓNICA
Olga Montón-Madrid (responsable)

BLOG
Marta Mora- Madrid (responsable)

PUBLICACIÓN A-FORO
Paloma Blanco- Málaga (responsable)

EQUIPO DE REDACCIÓN
Neus Carbonell- Barcelona, Blanca Fernández- Málaga, Julio González- Bilbao, Rosa López- Madrid, Fernando Martín Aduriz- Palencia, María José Olmedo- Granada, Félix Rueda- Bilbao, Juan Carlos Tazedjián- Valencia.

EQUIPO DE REDACCION BIBLIOGRÁFICO
Ricardo Acevedo- Málaga, Marisa Álvarez- Madrid, Jesús Ambel- Granada, Carmen Bermúdez-Madrid, Mario Izcovich-Barcelona, Constanza Meyer- Madrid, Juan Carlos Tazedjián- Valencia.

Liana Velado- A Coruña, Gracia Viscasillas- Zaragoza (responsable).

COMUNICACIÓN
Ana Castaño- Madrid, Blanca Cervera- Madrid, Julia Gutiérrez- Madrid, Mariano Maqueda- Madrid (responsable), Marta Mora- Madrid, Silvia Nieto- Madrid.

FACEBOOK
Alberto Estévez-Madrid, Blanca Fernández- Málaga, Julio González- Bilbao, Ariane Husson- Madrid (responsable), Rosa Mª López- Madrid

PUBLICACIÓN EN PAPEL
Ana Lía Gana- Madrid (responsable)

GESTIÓN
Pilar Berbén- Madrid, Celeste Stecco-Madrid, Alberto Estévez- Madrid, Esperanza Molleda- Madrid.

EXTENSIÓN
Rosa Mª Calvet- Barcelona, Joaquín Caretti- Madrid, Eugenio Castro-Vigo,Marta Davidovich- Madrid, Eugenio Díaz- Barcelona, Shula Eldar- Barcelona, Manuel Fernández Blanco- A Coruña, Elvira Guilañá- Barcelona, Manuel Montalbán- Málaga, Josefa Rodríguez- Las Palmas de Gran Canarias, Jose Ángel Rodriguez-Sevilla, Mariasun Landa-San Sebastian,Oscar Ventura- Alicante, Rosalba Zaidel- Barcelona.